martes, 22 de abril de 2008

La Patrona

Las Patronas

El calor se extiende con sus largos tentáculos a lo largo de la estación del tren de Tierra Blanca, Veracruz. Son las 11 de la mañana y una máquina ruge arrastrando furgones y tanques del tren, acomodando uno a uno, hasta formar un extraño gusano, enorme y oscuro. Serán 70 tal vez 80 vagones del tren con su carga. Mientras cientos de migrantes centroamericanos de desperezan, se estiran, toman agua o revisan sus bolsas rotas y sucias donde llevan sus pertenencias; una carta o una foto, el carné de identidad o un peine y la biblia. Unos pantalones roídos, gel para el pelo, el cepillo de dientes. Unos más se acercan a la vía bajo los rayos de 40 grados del sol que caen con toda su brillantez. Mejor seguir oculto debajo de un árbol, o debajo de un viejo y abandonado vagón, no importa que huela a mierda u orines, no importa estar acostado sobre tierra y basura, hay que ocultarse del sol, el sol pega y pega parejo. La sed se hace más grande bajo este calor insoportable que altera aun más a los mosquitos y ese malestar al que no se acostumbra uno. La falta de baño, la falta de comida caliente, el agua fresca, el hogar y la familia quedaron atrás para otros tiempos, tal vez para mejores tiempos.

El reloj marca las once treinta de la mañana y cuatro enormes y tiznadas máquinas de tren hacen temblar el piso, se colocan al frente del largo convoy y los trabajadores con enormes esfuerzos enganchan dos máquina al frente del convoy, se adelanta la mitad de la columna y las otras dos máquinas quedan justo en medio de todos los vagones. El maquinista anuncia la salida del tren con largos silbidos y los ensordecedores ruidos de las máquinas. Todos se levantan y corren, se suben a grandes zancadas nadie se quiere quedar, solamente los que llegaron a las 9 de la mañana de Medias Aguas le dan la espalda. Son muchos los que se apilan y buscan la sombra entre hierros y tubos de los vagones. Son mujeres , algunos niños y muchos adolescentes. Unos más suben a lo alto, esperando ver este pueblo por ultima vez y se despiden del desconocido vecino que se asoma a la ventana para ver el cotidiano salir del tren con su centenar de centroamericanos abordo. Ellos buscan la tolva abierta o el vagón que lleva cemento. “En ellos siempre hay de donde agarrarse”, cuenta el que lleva dos viajes.



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“Hace años, cuando a mi Rosa, la mande a comprar un poco de pan y leche para la cena. En aquel entonces no era tanta la gente que viajaba en el tren, eran cinco o seis, y solo decíamos, mira ahí van unas moscas, pero no sabíamos de donde venían ni a donde iban. No les tomábamos importancia, pues no se hablaba mucho de ellos. Y entonces esa noche, llega Rosa y Bernarda sin pan y sin leche, y con unos ojos así chiquitos y tristes… Les pregunte que paso y donde esta el pan y la leche, y así medio asustadas y sorprendidas me cuentan, que dos muchachos así grandotes, grandotes, se le acercaron y le dijeron que les regalara su pan, que tenían mucha hambre y tenían dos días de no comer nada”.

Habla Doña Leonila Vázquez, de 65 año de edad. Morena y mirada fija. Piel y manos fuertes curtidas por el trabajo en el campo. Vivaz, inquieta, siempre sonriente y mirando al cielo recuerda, como empezó a dar de comer a los migrantes hace algunos años. Lava trastes, escoge arroz y dirige a sus hijas y nietas, para preparar los lonches que llevarán a los migrantes que recorren México en el tren de carga. Hace cuentas de cuantos costales de abono necesita para la próxima zafra de azúcar. No hay descanso, todos los días lunes, martes y hasta el domingo preparan algo de comida. No hacen caso a la regla de la Biblia que dice que un día se dedicara al descanso, si lo hacen ese día alguien se quedará con hambre y sed.




Ya pasó el armón, ya pasó el armón-. Grita Lidia desde la ventana de la papelería. Enseguida doña Leonila junto a sus hijas y nietas, prepara la comida y el agua que repartirán al paso del tren. En el tren que bordea el pueblo donde ellas nacieron. Son tacos de arroz, fríjol, un pan y agua, a veces hay huevo, o mole de alguna fiesta del pueblo. Son ya varios años en que tomaron el habito de dar de comer. “Son muchos los que pasan”, dice doña Leonila, “pero es mucha la necesidad, es mucha el hambre, pero hacemos lo que podemos, mientras dios nos preste vida , seguiremos ayudando a esas personas”. empieza a sonar su silbato, entonces aminora la velocidad y empiezan a aparecer los migrantes entre los vagones, les hacemos señales con las bolsas de la comida y los más intrépidos se bajan con el tren en marcha, la mayoría se cuelgan hacia la comida tratando de tomarlas de nuestras manos y si el maquinista es bueno, pues entregamos todo, de 20 a 30 bastimentos por cada una de nosotras, hay algunos maquinistas que no les importa y pasan muy rápido y se torna peligroso pues se pueden caer alguno muchacho, incluso alguna de nosotras nos podemos caer, habemos muchas rasguñadas pues ellos se estiran tratando de tomar algo. Hay veces que toca un maquinista que nos ve y baja de velocidad le damos de tomar algo y dando de gritos, dando las gracias y sonriendo al paso.

La ayuda se extendió a otras mujeres de esta localidad, a Chela, a Doña Viki, Norma, Julia, Sara todas ellas vecinas de doña Leonila, que es reconocida como quien empezó a repartir comida. Hay cientos de anécdotas, en “La Patrona de Guadalupe”, municipio de Amatlán, Veracruz. Es en al orilla de las vías del tren de la empresa FERROSUR, en el cambio de vía antes de llegar a Córdoba. Este es el paso de cientos de migrantes provenientes de Centroamérica que por años intentan llegar a EU, es el camino de Tierra Blanca a Orizaba. Es el calor veracruzano de sus habitantes, es su risa y sobre todo su solidaridad.



Para doña Leonila originaria de La Patrona, como muchas otras mujeres que reparten comida, el tren es una tradición es su vida. “De chiquilla mi papá me llevaba en tren hasta Tierra Blanca a pasear o comprar algunas cosas, y desde muy temprano tomabamos el tren para ir a vender la leche a Córdoba y Amatlán”. A 100 mts de su casa se encuentra la vía, antes de pasaje y carga, que a raíz de la privatización del sistema ferroviario solo quedo el tren de carga. Pequeñita y de mirada lenta, se detiene en un punto sus ojos y lo examina. Parecería no escuchar, pero es atenta a todo.
- ¿Y que pasó, cuando las abordaron los centroamericanos?
- Pues primero nos asustamos- habla Rosa, mujer fuerte y de hablar directo- le digo a Bernarda mi hermana que qué hacemos, pues vimos como bajaron del tren en marcha y estaba oscuro, no sabíamos quienes eran y de donde venían. Se les veía en la cara la desesperación y le diga a mi hermana, pues yo les doy el pan, a ver si no nos regaña mi mamá, total, tenemos tortillas y frijoles en casa. Pues les di el pan y se lo comen así, rapidito, rapidito. Y otros que venían atrás, no piden la leche, todos ellos demacrados, y con ojos de cansancio. Nos quedamos sorprendidas, sin leche y sin pan, ya dios dirá.
- Al día siguiente cuando escucho el silbido del tren, allá atrás de la montaña-habla dona Leonila- prepare unos pocos taquitos eran unos cinco, y ya cuando estaba más cerca el tren me fui para la vía, y espere a que llegará. Pensé, si viene gente pues les doy los tacos para que coman algo. ¿Y que cree?- se le pierde la mirada en el recuerdo y con una sonrisa y voz nerviosa se le rompe la voz- pues venían muchos ahí reguindaos, muchos, así como piñas, todos gritando gracias madre. Eran muchos, demasiados como para mis fuerzas y mis cinco tacos. –Se queda pensando, se agacha y pregunta- ¿cómo es posible que esto ocurra, que la gente tenga hambre y vayan colgados como animales? Y sus gritos se escuchaban, madre tenemos sed, y el tren pasando muy rápido. Y yo ahí nomas mirando sin saber que hacer.

El resto vino con calma, cuenta Norma, hija de doña Leonila, quien actualmente coordina de alguna manera a la veintena de mujeres de la localidad. Nos organizamos, mis hermanas y mi mamá de este lado de La Patrona, y el resto de las mujeres en el cambio de vía donde en algunos días de suerte pueden bajar los muchachos, se forman al pie de nuestras casas y les repartimos café y pan. Incluso cuenta dona Viki, que hasta la han asustado cuando en su cocina prepara el desayuno y aparecen algunos todos polvosos, queriendo comprar un café, con unas cuantas monedas. “les digo no mijos, siéntense ahí y tomen, yo no vendo. Incluso hay mujeres y niños que les doy agua para que se den un baño y hasta ropa, porque allá adelante en Orizaba el frío es muy duro”.


Que queremos a cambio, -continúa doña Viki- nada, bueno si, es satisfacción de estar ayudando a la gente con las mismas necesidades. Son gente humilde, pobre que busca mejorar. No pasan a robar ni nada de eso que hablan en la tele, en todos estos años nunca me ha faltado algo de mi casa. Y además mire, yo no conozco Honduras, ni siquiera lo he visto en el mapa pero se como es por ellos. Honduras, El Salvador y Guatemala, imagínese como esta que la gente sale de sus lugares. Fíjese aquí en México tenemos ese problema. Hace años éramos una zona de café, pero lo tiramos, nos pagaban a $1.50 el kilo. Así no se puede vivir y pues la gente se siente desesperada, ahora la zafra se termina y la gente se queda sin trabajo, ¿y que piensa?, pues irse a los Estado Unidos. Si no hay trabajo, dígame que tiene que hacer la gente para vivir, ¿quedarse y empezar a robar? Yo digo que no, que tenemos que buscar la manera de hacer algo por nosotros. Por eso entiendo a la gente que va en el tren.”


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El tren continúa su largo recorrido, el calor en los vagones no se siente por el viento que traspasa el rostro, pero la sed aumenta. Buscar un escondrijo, poner un cartón en la cabeza, un trapo, algo para cubrirse del sol. Ya son tres horas de camino, y la vía es larga y el color no cambia entre el verde y el azul del cielo. Cuanto falta para llegar a Córdoba, no se sabe, alguno dijo que eran cuatro horas, alguien más que seis. Y el trak trak de los rieles siguen en un sonido que se confunde con al monotonía del paisaje. Lo letreros, de las poblaciones, San Miguel, ... … ingenio San Miguel, La Palmas, Los Ángeles y lo inesperado “La patrona”.


El tren empieza a bajar de velocidad y el sonido del silbato se hace largo y constante. Cambio de vía piensan los centroamericanos, se entra en una larga columna de árboles a la izquierda y una gran parcela de caña de azúcar. Algunos de los viajeros se empiezan a gritar “agua, agua tenemos sed, aquí arriba” el alboroto despierta y despereza a los demás. Se asoman y ven desde lo alto a una grupo de mujeres con pequeñas bolsas que tratan de entregar a los que se cuelgan.



Otras mujeres avientan las bolsa y botes de agua para los que van en la parte más alta. Todos tratan de agarrar algo, el esfuerzo puede ser gratificante, otros más solo alcanzan a ver pues el tren no para a pesar de que bajo de velocidad. Los gritos continúan por parte de las mujeres de La Patrona, “del otro lado muchachos, allá adelante hay más comida pero del otro lado”. No se entiende muy bien, con los gritos el pitido del tren y el trak trak. Solo queda el éco y los gritos apagados de las mujeres que aventaron comida. La interrogantes de los migrantes y los agradecimientos por parte de ellos. El alboroto total. Se comparten el taco y el fríjol, alguien solo quiere un poco de agua, y le pasan uno de los botes de estas mujeres. Unos instantes después nuevamente el alboroto, los pitidos del maquinista, pues a la salida del pueblo hay otro puñado de mujeres que siguen con esta tarea de arrojar comida hacia el tren. La velocidad nuevamente disminuye y el aprendizaje tiene que ser muy rápido.




Inclinarse y acercarse lo más posible hacia las manos de las mujeres, siempre habrá algo que coger, frijoles, arroz, agua o alguna fruta. El que no alcanzo en el primer intento ahora reparte y el que repartía ahora alcanzo un poco más. Y la pregunta se extendió a lo largo de los 100 vagones,”¿quiénes eran estas mujeres? ¿alguien vio como se llamaba el lugar?” Las miradas voltean hacia atrás. Escudriñando el paisaje y tratando de gravarlo en sus mentes. Buscando un signo que lo volviera imborrable, hasta que alguien grito “La Patrona, se llamaba La Patrona”

Abril 2008
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La justicia consiste en tener respeto por el derecho de la gente a vivir como quiera.
Naguib Mahfuz

miércoles, 30 de enero de 2008

Carta a Los Reyes Magos



Queridos Reyes Magos, cuando era niño recuerdo con alegría y emoción la madrugada del 6 de enero; ilusiones, sueños, descanso en la escuela, anhelos y he de confesar que el mundo lo observaba como una verdad donde la vida era plácida. Paso el tiempo y cuando mi comprensión era mayor, mis padres me contaron quienes eran ustedes: Melchor, Gaspar y Baltasar, tres Reyes Magos que venían de Oriente y sabían del nacimiento de un niño que nació en Belén (ciudad ahora en guerra), que era el hijo de Dios y en que depositaban su fe. Ustedes tres, le llevaron a Jesús palabras y regalos:

El "Oro": Para el Señor, todo nuestro "Oro", nuestro dinero y posesiones... Cristo se nos presenta hoy día en cada rincón del camino, vestido de pobre o de rico... el dinero que nos regala, a través de nuestros trabajos o esfuerzo, es para que ayudemos al vecino... ¡a Cristo!... quien deja pudrir su dinero en el Banco, es peor que Herodes, mi hermano (Mateo 25:31-46)

El "Incienso": La "alabanza", la gloria, el honor, el poder, ¡todo para el Señor! para el Rey de Gloria... si yo me quedo con algo, ¡se lo estoy robando a Dios!.

La "Mirra": Lo "amargo" de nuestra vida... nuestros dolores y pecados, ¡dárselos al Niño Dios!... como San Jerónimo, a quien se le apareció el Señor y le dijo: "Jerónimo, dame lo que tienes": Jerónimo le entregó la Vulgata, la Biblia que tradujo al idioma cotidiano... "más, Jerónimo, darme más", le dijo Jesús. Y Jerónimo le dio la Orden Religiosa que acababa de fundar... "más, Jerónimo, dame más"... ¿y qué más te puedo dar?, le dijo Jerónimo con asombro, que ya le había dado lo mejor que tenía en sus hombros... "más, Jerónimo" le repitió Jesús entre enfados... "dame, Jerónimo, tus pecados!... si, mi hermano, Dios se hizo Niño para cargar con todos nuestros pecados, para ser el "Cordero de Dios que quita el pecado del mundo"... si, por un imposible, Dios se volviera a hacer Niño, el oficio que cogería sería el mismo de antaño: "Cargar con todos nuestros pecados"... y usando exactamente el mismo método: "Siendo el Cordero de Dios degollado"... tu y yo, sacerdotes o seglares, también tenemos que ser "otro Cristo": Cargar con los pecados de los hermanos, ¡y siendo Corderos degollados!... es nuestro oficio de más rango.



                                           Don Raúl en "La Patrona" repartiendo comida.

Pues bien, todo esto lo traduje en mis juguetes de aquel entonces. Y lo transforme en un buen inicio en cada año que principiaba. Paso el tiempo y cumplí 10 años y me frustre en primera instancia al descubrir que los reyes magos ya no existían. Fue triste ese año después de encontrar los juguetes, las ilusiones y demás cosas debajo de la cama de mis papas... Pero al siguiente año, descubrí el esfuerzo de mis padres por tratar de que la felicidad siguiera en mis pensamientos y en mi vida. Ahorrar todo un año para que mis juguetes del 6 de enero fueran reales y fueran permanentes los sueños y la esperanza. Y así hasta estos 39 años que tengo, cada 6 de enero los reyes magos visitan la casa de mis padres y me traen un dulce o un juguete que por pequeño que sea alimenta mi esperanza en el mundo y en mi prójimo. Pero a cada momento, a pesar de ese dulce y ese juguete, las cosas se ponen más complicadas; más guerras, más crisis económicas, más desempleo, más abusos del poder, más violación de derechos humanos, más violaciones a los niños, a las mujeres, a los trabajadores, a los obreros, a los campesinos, a la ciudadanía. Más necesidad de la gente por salir de sus casa para buscar en tierras desconocidas el alimento para su familia, más hambrunas y menos agua potable, más basura y más desechos en las ciudades, más contaminación en el entorno visual, natural, físico y una falta de principios éticos. La política manda, pero sin esos principios básicos y éticos. Las leyes solo se usan para crear intereses y dar interpretaciones para defender a eso que llaman "clase política". Para los políticos si hay ley; para la gente trabajadora, para Juan, para Doña Conchis, para el centroamericano, para el mejicano, para el campesino, para el obrero no. Puedo seguir con este discurso pero ya estoy un poco cansado, los periódicos a pesar de la censura de estos tiempos reflejan el estado de animo de las situación nacional, mundial, de cada calle, de cada colonia y cada barrio, de cada familia.

Mi esperanza había acabado queridos Reyes Magos, mi padres no podrían hacer mucho al respecto. Un estado de conformidad había aparecido en mi vida, bueno, no se si más bien resignación. ¿Ustedes la han sentido? ¿como se sintieron cuando vieron a Jesús nacido en Belén? ¿creyeron que la humanidad tendría salvación? ¿si verdad? ¿Pues saben queridos Reyes Magos lo que me ocurrió un día? se los cuento; pues resulta que soy fotógrafo y trabajo en medios de comunicación, y pues empecé a realizar un reportaje sobre el asunto migratorio en este mi país. He recorrido la frontera sur, el centro y frontera Norte. Observo cada día como se maltrata al migrante centroamericano a su paso rumbo a los Estados Unidos, asaltos, violaciones a mujeres y niños, hambre, persecución policiaca y criminalización de una necesidad, racismo, violación de derechos humanos y muchas cosas más. Seguí mi camino en este trabajo y encontré y conocí a muchas personas. Entre ellas a una de las personas más impresionantes y admirables por su labor; el Obispo Don Raúl Vera. Tiempo atrás había escuchado de él en sus años como obispo adjunto en San Cristóbal de las Casas, Chiapas. Encabezo junto al Obispo Don Samuel Ruiz una de las tareas más difíciles en esa región chiapaneca, cuando las cosas no eran sencillas por la militarización y el estado que existía por el levantamiento indígena. Lo pude fotografiar en San Cristobal de las Casa, Oventic y la zona de los Altos y la Selva, cuando estaba de enviado en Chiapas durante el conflico armado del EZLN y el posterior proceso de paz de la región.

Años después queridos Reyes Magos, lo cambian a la Diócesis de Saltillo y que su labor pastoral y de defensa de los derechos humanos , va más haya de la simple teoría. Es practica y la practica de la teoría son resultados.

Si hay algo que necesitamos en este país son resultados y algo tiene Don Raúl queridos Santos Reyes, y eso que tiene son resultados, congruencia y ademas el afecto de la gente que lo conoce, el cariño de sus feligreses y la admiración de personas que como yo, que estamos fuera del ámbito religioso de cualquier iglesia y trabajamos día a día para tener un país que se conduzca por la vías de la libertad y la justicia; o sea  más haya de la "teoría".



Por eso queridos Reyes Magos, ahora retomando mi carta de peticiones de juguetes y dulces y esperanzas para este año y aunque ya no soy un niño, solo espero que no me lo tomen a mal, pero les pido que apoyen a Fray Raúl Vera, que no lo quiten de su labor de su diosesis, que cesen los ataques en su contra, tanto de políticos, como de empresarios y de sus mismos compañeros al interior de su propias casa que es la iglesia Católica. Como es posible que dentro de su misma casa le den ese trato cuando cumple a carta cabal los dichos de Jesús: estar con los pobres, estar con los necesitados, estar con los fieles. ¿O lo valido es estar con camionetas blindadas y guardaespaldas para ganar credibilidad? ¿Bendecir campos de golf? ¿Aplaudir politicas recesivas para la población? ¿Estar con el poder político?

Sin más mis Queridos Santos Reyes Magos espero no estar pidiendo más de lo que podrían darme. Podría haber pedido un carro de cuerda o una bolsa de canicas o el trompo que perdí en este caminar, pero mi niño interno pide un mejor futuro y también más Frays Raules Veras, que se multipliquen ellos por todos, por todos los rincones de todas las iglesias del mundo personas como él, que son más que un ejemplo de humanidad, justicia y libertad.

Javier García

06 Enero de 2008

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La justicia consiste en tener respeto por el derecho de la gente a vivir como quiera.
Naguib Mahfuz

sábado, 15 de diciembre de 2007

Doña Conchis

I. Sábado, por la mañana, de un día fresco con el sol quemando la piel. Camino a Querétaro, el objetivo, la comunidad del El Ahorcado. Motivo principal, la Señora Conchis…


II. “Entraron corriendo los Afis, metieron a los muchachos a mi casa para culparme de que yo era pollera. Pero mira la casa y dime si este es un hogar de polleros. Eran 6 migrantes y el pecado de ellos fue estar enfrente, aquí afuera de mi casa, descansando y esperando que pasara el tren y el pecado mío fue darles un poco de comida. Me acusaron de traficar con seres humanos, ya me había amenazado la policía, pero nunca creí que pudieran cometerse estas injusticias.

“Toda mi vida he vivido aquí, toda mi vida he visto como pasan los migrantes buscando comida y un poco de ropa, o un lugar para descansar y poder seguir su camino. Toda mi vida he ayudado a esta gente y toda mi vida seguiré haciéndolo. El único que me puede juzgar es dios y él esta muy arriba de nosotros. Únicamente a él le voy a rendir cuentas, mientras él me preste vida seguiré con esta labor, porque aunque soy pobre, ellos, los migrantes no tiene comida, ellos salen de sus casas por no sé que razones y es muy cruel que por buscar un poco de comida o una vida mejor los persigan peor que a los perros.

“Dos años encerrada, y si estoy un poco triste pero ya se me quitará. Hay cosas que hacer y por algo estoy de nuevo aquí.


III. A lo lejos se escucha la música, del poblado. Ataviados los músicos con ropa norteña, dejan sonar la cumbia. Doña Conchi, -conocida así en al población- es rodeada por sus nietos, sobrinos y dos de sus nueras.

-Vamos al baile abuela – le dice uno de sus nietos-.
-¿Si no tenemos dinero, que vamos hacer allá?-responde doña Conchi.
- El muñeco es el que canta, él la invito a usted, así que usted entra gratis- dice una de sus nueras-.
- Como crees, si van a rifar una plancha y una licuadora, entonces que me van a dejar pasar así nomás –dice doña Conchi, mirando las cartas que le enviaron las mujeres y familiares de La Patrona-.
- Solo cuesta diez pesos la entrada abuela- insiste su nieto con ojos ansiosos-.
-No hay dinero ni para festejar la independencia, mijos, como vamos a pagar por el baile -dice doña Conchi-.
- Bueno solo vamos por fuera a ver, anda abuela, vamos a ver –dice el nieto de siete años con su playera de peces y una gran sonrisa -.
- No hay dinero para la cena del 15, y ya parece que vamos a tener para pagar diez pesos por un baile, mejor bailo aquí en mi casa y no gasto lo que no tengo, pero buen, vamos a dar una vueltecita solo a ver.
- A usted si la dejan pasar, el muñeco la invito y quien quita y se saca la licuadora – dice la nuera-
- Mejor síganme leyendo estas cartas, que están muy bonitas…


IV. Hola conchita: Soy Irene, vivo en cd. Madero Tamaulipas y tengo 55 años, soy madre de 6 hijos y tengo ya 5 nietos...quiero decirte que eres una persona muy valiosa, eres bienaventurada, pues has arriesgado tu vida por el prójimo, y dios no se olvida nunca de quien ama tanto a sus hermanos desfavorecidos. El amor que hay en ti es tanto que no cambia en tu pecho y lo compartiste con los que necesitaban de una palabra o de un poco de pan....sigue luchando conchita que la recompensa es muy grande. En mi comunidad apoyo también a hermanos indocumentados, tenemos un lugar en donde pasan la noche y les facilitamos ropa y dinero para que continúen con su viaje....no somos polleros, formamos un grupo de la pastoral social de la iglesia y estamos trabajando para hacer la casa del migrante. Hay personas que ya me han hablado de los estados unidos diciéndome que ya están trabajando, eso me alienta a seguir.... Conchita en mis oraciones estarás presente y no decaigas...esta prueba que el señor jesus ha permitido en tu vida, debe de fortalecerte. ....... Para mi eres un gran ejemplo a seguir y que voy a difundir. Te mando un abrazo. Ojala un día te lo pueda dar personalmente.

V. ¿Ayuda económica? no sé que es lo que necesito. Una cuenta bancaria, jajajajaaa, ¿y como es eso? En mi vida he tenido una cuenta siquiera de ahorro. De donde voy a sacar para abrir una cuenta, ¿además que banco me daría una cuenta?




VI. Estuve dos años encerrada. Ayuda no había de ningún lado, no teníamos para pagar un abogado y el que tuve, mira que todos los vecinos se juntaron y se cooperaron para pagarle de a diez pesos cada uno, se junto como mil quinientos pesos, se le dio el dinero y se fue junto con todas las cartas de apoyo de los vecinos que me conocían y testificaban que yo no era pollera. El juez solo dijo, “pues ya ni modo”.

La cosa empezó a cambiar hace como cuatro meses cuando llegaron los del PRO con el abogado que conoció mi caso y mira, ya estoy afuera bendito sea dios.


VII. Doña Conchi, desliza sus dedos en el papel de cada una de las cartas y las observa de cerca. No sabe ni leer ni escribir. Es madre soltera y se dedica a la lavar y planchar ajeno, también trabaja en algunas casas en donde ayuda en las labores de la limpieza. Deja las cartas en la silla que tiene a su lado, mientras sus nietos corren en la patio de tierra entre gritos y risas. “No se vayan a lastimar –les dice, mientras juegan a las luchitas-“. Toma nuevamente entre sus manos el puñado de cartas y elige otra en un sobre con la imagen de la virgen de Guadalupe y letras de colores, le da la vuelta y levanta la mirada al azul cielo, mientras el viento frío levanta polvo que le obliga a entrecerrar los ojos y entiende la carta para que se la lean…

De: Familia Martínez Juárez. Para: Una persona Especial. Lugar: Guadalupe, La Patrona, Ver. México. Fecha: Lunes 12 de agosto del año 2007.
¡Hola! Esperamos en dios primero salga muy pronto y siga colaborando, dando de comer, a los migrantes que dios la ha de ayudar, y siga apoyando a los emigrantes. Que se encuentre bien física y emocionalmente. No se olvide, no se desanime. Porque dios y la virgen santísima le darán fuerza y siga adelante que pronto resuelva su problema y salga con bien, le pediremos a dios que pronto salga. ¡Que dios la bendiga! Se despide una familia que apoya a los emigrantes. Adiós se despide! La Familia Martínez Juárez ¡Buena suerte!


- La Patrona, ¿y donde esta eso?- pregunta doña Conchi-
- En Veracruz, a diez minutos de Córdoba -respondo-.
- Y esta muy lejos ese lugar, dices que ahí la gente da de comer a los migrantes también, ¿como supieron de mí? Me gustaría conocer por allá.
- Si quiere ir con gusto la llevamos –le digo-.
- ¿De verdad me llevas, cuando? ¿por qué me escribieron? Quiero conocer a estas mujeres, quiero ir y dar una vuelta por allá a ver como es, ¿de verdad me llevas?…

VIII. Observa unas fotos donde se aprecia como Norma, Rosa, Lourdes, doña Viki, Julia y el resto de mujeres entregan comida en bolsas al paso del tren.

“Mira no mas, como se juntan . Así le habíamos de hacer aquí. Organizarnos y ayudarnos entre nosotros. Aquí toda la gente les ayuda con una ropita, con un taco. Aquí toda la gente es buena, somos pobres pero ayudamos a quien lo necesita. Habías de ver como la gente que cuida las vías, como maltratan a los centroamericanos, como los corretean y les pegan. La policía los insulta, los roba y si nos metemos, pues nos amenazan. Pero aun así la gente ayuda. Una ocasión, mira allá, en aquellos maizales, metieron entre la milpa a unos migrantes que alcanzaron a agarran, los golpearon y a uno hasta los zapatos le quitaron y así lo trajeron en todo el pueblo, hasta que se los llevaron todos sucios y golpeados. ¿Así que sí nos organizamos será más fácil verdad?”

Me mira con ojos emocionados. Y observo su primera sonrisa del día.

- ¿Le puedo tomar una foto con sus nietos y sus nueras? – le pregunto mientras deja su silla de madera y da unos pasos-.
- Si claro, pero mira, aquí en mi casita de “pollera” jajaja, que se vea bien, que miren todos que me gusta mi casita, aquí vivo sola, pobre pero con gusto. Humilde pero cuando quieras venir están abiertas las puertas. Soy pobre y ayudo, no que la gente del poder, la gente del dinero, esos son malos y codos. Yo no necesito lujos, solo un poco para comer, darles a los migrantes y atender a mi familia.

Camina con seguridad, en el patio enorme de tierra, su casa de techo de laminas y muros viejos pero bien pintados, adornada con plantas, muchas plantas que son cuidadas con esmero. El tendedero para secar la ropa cruza de lado a lado el cuadro del terreno, donde se hacen pequeños remolinos de polvo al paso del frío viento. La fachada principal que da a la calle, es solo un conjunto de plásticos negros y otros transparentes, con muros de tripaly y ladrillos carcomidos, la puerta de madera deteriorada se cuelga de un muro que no cae por presión con los muros del otro lado de la casa.


IX. “Hay joven, que bueno que vino. Soy diabética y desde la mañana me sentía muy mal, ya devolví el estomago, no tenia hambre, pero con estas palabras que me trajo la vida cambia. Dígales que muchas gracias, que ya salí de la cárcel y que seguiré ayudando, pues ahora se que ya no estoy sola. Que hay gente que se preocupo por mi sin conocerme. Y primeramente dios, usted no me dejara esperando, ahora me lleva a conocer a La Patrona, será un gusto conocer a todas estas mujeres, después de tanta tristeza. Gracias y aquí tienen todos su casa.”



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La justicia consiste en tener respeto por el derecho de la gente a vivir como quiera.
Naguib Mahfuz